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¿Virus o antivirus?
Daniel Abad (Bitblues, Director Técnico)
Según un estudio de la revista PC Magazine, de Abril de 2003, los programas antivirus provocan una degradación del rendimiento de los sistemas informáticos, que varía entre un 2,4% y un 7,1%. La prueba de medición se realizó comparando el uso de los recursos de un ordenador personal de muy elevadas prestaciones (512 MB de memoria), ejecutando independientemente los principales productos antivirus del mercado, a la vez que la aplicación Multimedia Content Creation Winstone 2003 y Microsoft Office. Si tenemos en cuenta que un equipo de prestaciones estándar suele tener una cantidad de memoria instalada de 128 MB o 256 MB, los resultados de la degradación en esta situación estarían alrededor del 10% - 20% de media, siempre y cuando se ejecutaran, junto con el antivirus, aplicaciones que no agotaran la memoria física y no forzaran la paginación hacia la memoria de intercambio o swap (espacio de disco utilizado como área de memoria temporal) De lo contrario, que sería el caso habitual, se constataría fácilmente el hecho de que un programa antivirus produce una bajada de rendimiento de los equipos personales desproporcional al servicio que presta, hasta el punto de llegar en numerosas ocasiones a la saturación de los recursos y provocar una sensación de lentitud general insoportable.
Es posible que el estudio de PC Magazine contara con el patrocinio de los fabricantes
de programas antivirus y/o de hardware de última generación, pero
la realidad es que antivirus y consumo de memoria son dos conceptos íntimamente
relacionados.
Algunos usuarios de ordenadores personales preferimos tener un
virus que un antivirus. Esta afirmación puede resultar irresponsable
o inconsciente, pues todo el mundo sabe que un virus puede conducirnos a pérdidas
de datos irreparables. Sin embargo, nuestra experiencia nos demuestra que teniendo
ciertas precauciones y hábitos, para evitar infecciones y poner
nuestros datos a salvo, los virus se convierten en un enemigo mucho
menor que un antivirus. Los siguientes consejos son igualmente válidos
si se tiene instalado un programa antivirus ya que, a pesar de todo, recordemos
que no es infalible:
- Establecer un almacén de datos único en nuestro disco:
todos los datos vitales deben estar fácilmente localizables en un directorio,
partición o disco físico. De esta manera, es mucho más
cómodo y rápido realizar copias de seguridad. No debemos olvidar
que entre nuestros datos se encuentran los correos electrónicos, libretas
de contactos y direcciones, sitios Web favoritos, etc. Normalmente, los clientes
de correo electrónico y sistemas de información personal, como
Microsoft Outlook, ofrecen la posibilidad de especificar la ubicación
de los archivos donde se almacenan los datos gestionados por la aplicación.
Realizar copias de seguridad de datos periódicamente:
si tenemos identificada la localización de nuestros datos, efectuar
una copia de seguridad se limita a la sencilla operación de guardar
en un soporte seguro (CD, DVD) un solo directorio o carpeta del disco duro.
No es necesario utilizar herramientas, como la Copia de Seguridad de Windows,
a no ser que se disponga de una cantidad enorme de datos (varios gigabytes),
en cuyo caso realizar un backup incremental ahorraría bastante
tiempo (sólo se copian los datos nuevos o modificados desde el último
backup) La realización de copias de seguridad no sólo
es una medida de prevención contra posibles ataques de virus, sino
también de posibles fallos de hardware o software que provocaran, por
ejemplo, que el ordenador no arrancara, no detectara el disco, etc.
- Utilizar un sistema operativo robusto, con gestión
de usuarios, permisos, seguridad y protección de memoria, como Linux
y determinadas versiones de Windows (NT/2000/XP). Prácticamente todos
los virus tienen como objetivo atacar a los sistemas operativos de Microsoft,
por ser los utilizados por la gran mayoría de los usuarios de ordenadores
personales. Sin embargo, las versiones de Windows diseñadas para el
mercado doméstico (95/98/Me) son especialmente vulnerables.
- Acceder al sistema con un usuario normal, con permisos restringidos,
para realizar las operaciones y el trabajo habituales. Sólo se debe
entrar en el sistema con permisos de Administración, cuando sea estrictamente
necesario y desconectado de cualquier red, incluida por supuesto Internet.
Seguir esta recomendación puede evitar el 99% de las infecciones por
virus más comunes, pero es condición imprescindible la anterior.
- Instalar un programa cortafuegos (firewall) y restringir
todo el tráfico de red a los puertos que con seguridad vayamos a utilizar:
normalmente, éstos serán el puerto 80/tcp (http, para
navegar por Internet), 443/tcp (https, para navegar por sitios seguros
de Internet), 20/tcp y 21/tcp (ftp, para acceder a servidores de
ficheros remotos), 110/tcp (pop3, para recibir correo de Internet)
y 25/tcp (smtp, para enviar correo a través de Internet) Las
distribuciones de Linux y Microsoft Windows XP ya incorporán de serie
utilidades cortafuegos.
Tomar precauciones en la recepción de
correo electrónico: las aplicaciones Web de gestión
de correo electrónico (WebMail) son más seguras que los clientes
de correo, como Outlook Express, ya que éstos descargan y almacenan
directamente el correo, con sus archivos adjuntos, en el disco del ordenador.
En ocasiones, los propios mensajes de correo pueden incorporan código
dañino, que se ejecuta al abrir el mensaje. Algunos clientes de correo,
abren automáticamente los mensajes, si se tiene activada alguna vista
o utilidad de previsualización, sin que el usuario sea muchas veces
consciente de ello. En cualquier caso, el verdadero peligro del correo electrónico
se encuentra en los ficheros adjuntos, que pueden contener programas con virus
de efectos devastadores. Filtrar adecuadamente el correo no deseado, abrir
solamente los mensajes y anexos cuyo remitente nos ofrezca garantías,
y utilizar la aplicación WebMail que nuestro proveedor de servicios
de Internet nos proporcione, son hábitos que nos pueden ahorrar más
de un disgusto.
- No utilizar disquetes ni CD autoarrancables procedentes de fuentes
poco fiables: aunque ya están prácticamente en desuso,
los disquetes (o floppy disks) han sido un foco importante de infecciones
de virus en el pasado, sobre todo si contenían código de arranque
y se dejaban insertados en la disquetera después de apagar el ordenador,
lo que producía que el virus se introdujera en la memoria durante el
siguiente arranque. En la actualidad, los CD también pueden provocar
los mismos efectos.
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